La distracción como problema de seguridad vial

Conducir es una actividad compleja que requiere percibir continuadamente la situación cambiante del tráfico, evaluarla, decidir las acciones más adecuadas a realizar en cada caso y, entretanto, ejecutar correctamente estas acciones. Todo este proceso precisa que el conductor se halle en óptimas condiciones psicofísicas para que pueda llevarse a cabo adecuadamente.

La complejidad de la tarea de conducir un vehículo se pone de relieve las primeras veces que lo intentamos. Es difícil estar pendiente, entre otras cosas, de las señales de tráfico, de los vehículos que circulan delante y detrás del propio, de los peatones que atraviesan la calzada, del panel de control del vehículo (velocímetro, cuentarrevoluciones, etc.) y, además, seleccionar la marcha, la velocidad y las maniobras adecuadas para circular por las vías públicas. Con la práctica, algunas de estas tareas se van automatizando y conducir un vehículo pasa a percibirse como algo casi rutinario, hasta tal punto que nos sentimos capaces de conducir y realizar al mismo tiempo otras actividades que también requieren nuestra atención.

Si usted es conductor de un vehículo, reflexione sobre cuántas veces ha realizado otra actividad secundaria mientras circula en su automóvil. Por ejemplo, ¿cuántas veces sintoniza una emisora en la radio o introduce un CD en el equipo de música mientras sujeta el volante con una sola mano?; ¿con qué frecuencia utiliza el teléfono móvil mientras conduce?; ¿acostumbra a reprogramar su navegador sin detener el vehículo? Cuando va acompañado en su trayecto, ¿suele entablar una conversación con el pasajero o los pasajeros que le acompañan? Si sus acompañantes son niños o mascotas, ¿atiende sus demandas sin dejar de conducir su vehículo?

Estos son tan solo unos ejemplos de actividades que muchos conductores llevan a cabo mientras conducen un automóvil y que pueden distraerles de la actividad principal que están realizando en ese momento: circular por la vía pública. Muchos accidentes de tráfico tienen como causa principal o concurrente la distracción de los conductores y gran parte de esas distracciones se producen porque el conductor no puede atender las demandas de la situación de tráfico, debido a que parte de su atención está centrada en otra actividad no relacionada con la conducción.

En España, según datos dela DGT, en 2006 la distracción fue un factor concurrente en un tercio de los accidentes, por lo que cabe estimar que en ese año alrededor de 1.100 personas fallecieron en accidentes de tráfico asociados a algún tipo de factor distractor. Para calibrar plenamente la incidencia de las distracciones, cabría añadir a estas cifras la infinidad de pequeños accidentes que suceden cada día en nuestras carreteras y ciudades, imposibles de contabilizar por las estadísticas de las autoridades de tráfico.

La distracción se configura así como un factor de riesgo de primera magnitud, aunque ello a menudo no sea debidamente percibido por el conductor.

Fuente: “La distracción de los conductores: un riesgo no percibido”, Noviembre 2008, RACC Automóvil Club

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