Definición de las distracciones‏ como problema de seguridad vial

El Diccionario de la Real Academia Española define la distracción como “cosa que atrae la atención apartándola de aquello a que está aplicada y, en especial, un espectáculo o un juego que sirve para el descanso”. La primera parte de esta definición coincide, en gran medida, con las que se van a proponer en el presente trabajo.

De forma más específica, la National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) diferencia entre la desatención y la distracción en la conducción de vehículos. Se consideran causas de desatención:

  • 1. Que el conductor realice una actividad secundaria mientras conduce de modo que su atención se aparte de la tarea de conducir (por ejemplo hablar por el teléfono móvil u observar una valla publicitaria).

  • 2. La realización de actividades y maniobras relacionadas directamente con la conducción del vehículo que aparten la atención del conductor de la vía (por ejemplo mirar por el retrovisor u observar las indicaciones del navegador).

  • 3. La somnolencia o el adormecimiento del conductor.

  • 4. Cualquier otra circunstancia que desvíe la atención del conductor de la tarea de conducir.

Aunque en mayor o menor grado todas las causas de desatención anteriormente descritas pueden poner en peligro al conductor de un vehículo, en este documento nos centraremos únicamente en las actividades que voluntariamente realiza un conductor durante la conducción de un vehículo y que no están relacionadas con la propia tarea de conducir, a las cuales llamaremos distracciones.

Se produce una distracción en la conducción cuando algún suceso, actividad, objeto o persona, dentro o fuera del vehículo, captan la atención del conductor y la desvían de la tarea de conducir. Una avispa en el interior del vehículo, dos niños que se pelean en el asiento trasero, una llamada en el teléfono móvil o un perro muerto en la cuneta, son ejemplos de estímulos que pueden distraer al conductor y, en consecuencia, provocar un accidente.

En las distracciones se puede reconocer siempre un suceso desencadenante, lo que permite diferenciarlas de la falta de atención o del ensimismamiento del conductor, que son situaciones en las que eso no ocurre.

En la mayoría de las ocasiones las distracciones en la conducción de vehículos no tienen graves consecuencias porque no coinciden con situaciones de tráfico complicadas, pero en caso de presentarse un problema, como el conductor no está lo suficientemente atento a la conducción o a lo que ocurre en la carretera, lo más probable es que no disponga del tiempo necesario para planificar y llevar a cabo la maniobra adecuada y no pueda evitar una colisión o un atropello. Cuanto mayor es la velocidad del vehículo, menor margen de reacción tiene el conductor frente a los imprevistos y más conveniente resulta que se concentre totalmente en la tarea de conducir y trate de evitar las posibles distracciones.

Si la distracción tiene siempre un factor desencadenante, este puede originarse, de forma general, de acuerdo con tres situaciones distintas:

  • Los casos en que es el conductor quien genera voluntariamente la distracción, dejando de atender a lo que ocurre en la carretera. Por ejemplo, “se distrae” mientras busca un CD y lo coloca en el reproductor de sonido, cuando reprograma su navegador (GPS) o al encender un cigarrillo que sostiene en su mano mientras maneja el volante.

  • En otros casos, más bien habría que decir que al conductor “le distraen” y aunque podría ignorar las demandas ambientales (un teléfono móvil que comienza a sonar, un pasajero que le habla, etc.) generalmente las atiende, ya sea porque le molesta el timbre del teléfono, en el primer caso, o por cortesía en el segundo.

  • Finalmente se podría hablar del conductor “abstraído”, que no está atento a la conducción porque, sin darse cuenta, se ha puesto a pensar en algo que capta su interés.

Como podemos ver, en este caso –que no se considera propiamente como distracción– la falta de atención es involuntaria y difícilmente el conductor será consciente del riesgo que corre manejando el vehículo en esas condiciones.

Son los conductores que voluntariamente se distraen y los que se dejan distraer a quienes nos referiremos en este trabajo. Sin olvidar aquellos distractores que se generan en el propio conductor como sentir molestias físicas o dolores, así como los pensamientos intencionales, como por ejemplo repasar mentalmente la agenda del día mientras se conduce hacia el trabajo. Estos factores todavía no han sido suficientemente investigados, posiblemente por dificultades metodológicas en la recogida de datos, aunque en la actualidad están comenzando a recibir mayor atención.

Alternativamente, no consideraremos distractores determinadas situaciones en las que los conductores experimentan aburrimiento, impaciencia, apresuramiento, cansancio, somnolencia, etc., o sienten ansiedad, tristeza, malhumor o ira, entre otras posibles emociones, sino que más bien los entenderemos como condiciones que dificultan atender adecuadamente a los estímulos relevantes para la conducción y que propician las distracciones.

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