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Allá por el 2009 el Campeón de TC Juan María Traverso decía: “vi maniobras espantosas”


Lo que vimos ayer en la Ruta 2 es lo mismo que se ve en cualquier camino o calle del país, la consecuencia de serios problemas de conciencia y de educación. Y creo que estos dos puntos están por sobre la falta de capacidad para conducir un auto. Es que los argentinos en general tienen habilidad para manejar y les gusta. Pero manejan mal porque no respetan la ley. La distracción, el exceso de confianza, la imprudencia y sus anexos -como el celular, el alcohol, la alta velocidad- son las causas más importantes para que tengamos una cifra de 22 tipos muertos por día en accidentes de tránsito. Creer que manejás bien es subestimar tu propia vida.

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A mí me sorprende la naturalidad con la que la gente comete maniobras peligrosas permanentemente, todo el tiempo. También me asombra la reacción frente al accidente: que yo no fui, que me encerraron, que me sacaron de la ruta. Es triste, pero acá lo primero siempre es echarle la culpa al otro. No nos hacemos cargo y queremos justificar lo que pasó, y la realidad es que en la gran mayoría de los casos se trata de una imprudencia o una distracción del que maneja: sólo el 5 por ciento de los accidentes graves fueron realmente accidentes porque se reventó una goma, por una patinada en la nieve o cosas así.

Por eso, para revertir este desastre es necesario hacer una campaña de concientización y, de la mano, la aplicación del castigo: con radares, boletas, y lo que quieran. Pero hay que sumarle la parte más importante: hermano, sos vos el que maneja, vos arriesgás la vida. ¿Te creés que vas a llegar dos horas antes a Mar del Plata por ir a los pedos? Te aseguro que no ganás más de 10 minutos. Arriesgás la vida y encima canchereás, “mirá cómo maneja papá”. Pero no, sos un mal ejemplo, sos un boludo.

Otro punto clave para mí es la educación en las escuelas. Hace 45 días terminó el curso lectivo y se nos escaparon miles de jóvenes a la vida cotidiana sin educación vial; a ellos los perdimos. Cada año, una generación se va a la calle a manejar como el culo. Obviamente hay que capacitar a los maestros, que también manejan mal. No es un tema fácil, es complejo y a largo plazo, pero la educación vial tiene que ser el objetivo número uno.

Es necesario cambiar, y que el argentino empiece a pensar en el otro. Hoy es así: el tipo decide que sale con su auto a algún lugar. No revisa luces, frenos, no da bola. Pero en el ida y vuelta, tuvo 200 momentos de peligro. A ver si me entendés, la ley de posibilidades juega en tu contra, hermano. Si lo hacés toda la semana, las posibilidades de que no vuelvas son muchas.

Lamentablemente en este viaje (y en tantos otros) he visto maniobras espantosas. ¿Yo qué hago cuando eso pasa? Los paso, les veo la cara y me doy cuenta que ni se enteraron de la barbaridad que hicieron, ¡de que están vivos de pedo!

Alguna vez debés de haber visto a un corredor sentado en su auto: está concentrado, atado con todas las medidas de seguridad, no se distrae ni con alguien que se acerca a pedirle un autógrafo. Pero acá el particular no da bola.

Yo podría ir hablando por celular, tomando mate, fumando, manejando a 250 kilómetros por hora, y cantando. Pero estuve 35 años arriesgando mi vida por una décima de segundo. Y no voy a matarme en una ruta por llegar diez minutos antes. Respeto la ley porque quiero volver a casa y ver a mi nieta. ¿Y vos por qué carajo te querés matar? A ver, dame un motivo.

Juan María Traverso CAMPEON DE TC Y DE TC 2000

Fuente

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