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Riesgos laborales femeninos


El acoso sexual y la “doble presencia”, en casa y en el trabajo, determinan las condiciones laborales de las mujeres y generan riesgos específicos del género. En el marco de las 18° Jornadas de Salud Ocupacional que tendrán lugar a mediados de noviembre en la Universidad Católica Argentina, en Puerto Madero, hablamos con Claudia María de Hoyos, médica traumatóloga, legista y del trabajo, Presidente del Comité de Mujer, Salud y Trabajo de la Sociedad de Medicina del Trabajo desde 2008, y Secretaria del Comité de Mujer, Salud y Trabajo de la Comisión Internacional de Salud Ocupacional desde 2012.

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Los riesgos laborales pueden ser físicos (aquellos que se relacionan con el ruido, las vibraciones o radiaciones), ergonómicos (ocasionados por posiciones forzadas y gestos repetitivos), químicos (por ejemplo, ocasionados por el contacto con benceno o plaguicidas organofosforados) o biológicos (por ejemplo, brucelosis, hepatitis o HIV). En base a esto, los principales problemas laborales que tenemos las mujeres son:

  • Los trastornos musculo esqueléticos derivados de trabajo repetitivo, trabajo pesado o posturas difíciles;

  • Problemas dermatológicos (el número de mujeres que padece dermatitis es el doble del de los hombres);

  • Exposiciones a sustancias químicas (por ejemplo, solventes) que afectan a órganos específicos;

  • Cánceres específicos (de mama, cervical, de los ovarios);

  • Problemas de salud reproductiva, infertilidad, abortos espontáneos, daño al feto o malformaciones;

  • Discriminación, intimidación y acoso sexual y violencia sexual son también problemas graves encontrados por las mujeres en el trabajo.

Hay mujeres que trabajan todo el día paradas, por ejemplo, las vendedoras de locales de ropa. ¿Cómo repercute esto en su salud?

La posición de bipedestación prolongada (estar paradas) las 8, 9 o 10 horas de jornada laboral produce un aumento de la presión venosa en los miembros inferiores que puede generar y/o agravar las várices, que no es ni más ni menos que la dilatación de las venas en los miembros inferiores.

Y por el contrario, existe una gran cantidad de ellas que se desempeñan como oficinistas o secretarias, sentadas en escritorios por un período de alrededor de ocho horas diarias. ¿Cuáles son sus riesgos?

Las oficinistas y secretarias tienen fundamentalmente trastornos musculoesqueléticos, porque pueden trabajar en posiciones forzadas y con movimientos repetitivos que se traducen en riesgos ergonómicos. También debemos recordar la compresión venosa que se produce si la silla no se encuentra lo suficientemente acolchada. Otra patología que, si bien no es muy conocida, es muy frecuente es la vejiga de secretaria. Se llama así debido a la retención de orina que se produce por no evacuar durante muchas horas.

Los médicos suelen repetirnos que, para contrarrestar sus efectos (negativos), debemos hacer ejercicio, ¿es suficiente?

Hacer ejercicios físicos no sólo es conveniente para contrarrestar una patología osteoarticulomuscular, sino que ayuda a disminuir el nivel de estrés. Es importante tener en cuenta que éstas son patologías que se pueden prevenir con unas simples reglas: deambular al menos 100 metros cada 2 horas, hacer ejercicios de relajación de cuello y de miembros superiores para prevenir cervicobraquialgia y tendinitis, y pestañear frecuentemente para contrarrestar el ojo seco de la computadora.

El estrés es la enfermedad de época… ¿En qué afecta a las mujeres en particular?

El estrés es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. La sensación de no poder con todo, de exceso de responsabilidad, de falta de tiempo, de no llegar con los plazos, la supervisión constante y el control por parte de los superiores se traducen en presiones que pueden producirse en el entorno laboral y llegar a deteriorar la salud y la moral de la trabajadora. No existe una fórmula universal e infalible para evitar el estrés, cada persona debe buscar sus propios métodos, aunque hay algunos tips que nos pueden ayudar:

  • Hacernos tiempo para realizar cosas que nos gusten y motiven;

  • Dormir las horas suficientes para encarar las situaciones de estrés en forma relajada, para que no perjudiquen nuestra salud;

  • Utilizar técnicas de relajación para aliviar la tensión acumulada a lo largo del día;

  • Buscar ayuda para disminuir la doble-triple jornada laboral;

  • Dejar de pensar en ser “la chica superpoderosa” que todo lo puede;

  • Eventualmente, acudir a un profesional.

El acoso sexual es uno de los riesgos del ámbito laboral específicos del género femenino. ¿Qué clases de acoso sexual identifican? ¿Qué medidas recomiendan?

Según la Organización Internacional de Trabajo, el acoso sexual en el trabajo se considera “un atentado a la dignidad de las personas y una forma de discriminación sexual”. Otra definición podría ser “solicitar favores de naturaleza sexual, para sí u otros, en el ámbito de una relación laboral, y que dicho comportamiento provocara a la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante”.

Hay una delgada línea entre la broma y el acoso (ya sea horizontal, entre compañeros, como vertical, por superiores o jefes), puede dividirse de la siguiente manera:

  • Verbal: chistes subidos de tono que derivan en insinuaciones sexuales, comentarios, proposiciones y palabras obscenas;

  • No verbal: gestos sexuales, fotos, cartas u otros materiales escritos de características pornográficas;

  • Física: contacto no deseado o no consentido (pellizcos, palmadas, roces) o, directamente, intentos de violación o el uso de la coacción para mantener relaciones sexuales.

Sobre todo en el “chantaje sexual” -desempeñado por jefes o personas con mayor nivel jerárquico- se ponen en juego las relaciones de poder y el miedo a perder el empleo está latente. Aunque es difícil generalizar, ¿de qué manera deben reaccionar las mujeres?

Fundamentalmente, se debe marcar distancia desde el principio ante todas aquellas situaciones que le provoquen molestia o humillación. No hay que dejarse intimidar, hay que mostrar desagrado frente a cualquier insinuación, chiste de doble sentido y cualquier comentario fuera de lugar. Se debe dar a conocer la situación a los allegados, familiares, compañeros de trabajo, y en el caso específico de los superiores, lo mejor es acudir al sindicato y/o al Ministerio de Trabajo.

Las mujeres se incorporaron al mercado de trabajo sin hacer grandes cambios en relación a cómo y quién realiza las tareas domésticas y de cuidado de los hijos y los mayores. ¿De qué manera nos afecta esta “doble presencia”?

Se habla mucho del doble trabajo de la mujer: doble responsabilidad -hogar/trabajo- que le provoca una serie de conflictos para su desarrollo personal y profesional, que implica realizar esfuerzos de compatibilización de las tareas domésticas con las laborales que inciden negativamente en su disponibilidad para el trabajo o para la formación profesional.

Por otro lado, los empleadores despliegan una serie de prejuicios con relación al trabajo femenino, que obstaculizan el acceso de las mujeres a los empleos. Esta actitud se sustenta en el “supuesto” impacto que tendría sobre los costos laborales la maternidad y las responsabilidades familiares.

Pero hay un nuevo concepto: la triple jornada laboral de la mujer, porque considera el cuidado de los ancianos y enfermos, como diferente al trabajo doméstico. El “cuidado del otro” está presente en todas las etapas de la vida de las mujeres: de jóvenes cuidan a sus hijos, y como adultas cuidan a sus esposos, padres, suegros y otros familiares.

Facebook y Apple anunciaron que financiarán la congelación de óvulos de sus empleadas. ¿Qué opina sobre esto? ¿Por qué la mujer debe cambiar su reloj biológico en pos de crecer profesionalmente?

Personalmente considero que la mujer no debe cambiar su reloj biológico, no es ético. Las mujeres somos las únicas que podemos decidir tener o no hijos y cuál es el mejor momento para tenerlos. Algunas empresas olvidan un concepto fundamental: la calidad de vida laboral. Nada complacería ni comprometería más a una mujer que la empresa en la que trabaja vele no sólo por ella, sino por su familia. Si las empresas invirtieran ese dinero en guarderías para que pudiéramos tener a nuestros hijos atendidos y cerca, lo que ellos piensan como una disminución del rendimiento laboral sería exactamente a la inversa, puesto que redundaría en un beneficio mutuo, donde la trabajadora podría dedicarse tranquilamente a su trabajo, habida cuenta que su/sus hijos están cuidados.

Fuente

Consultas:
charlasdeseguridad@live.com.ar
@charlasdeseguri

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