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Medio Ambiente: ¿Cuál es tu huella ecológica?


Todos los días nuestras acciones repercuten positiva o negativamente en la salud del planeta: qué comemos , como nos trasladamos, qué productos consumimos , cómo manejamos la basura. Te acercamos consejos útiles para que puedas adoptar conductas responsables.

huellaecologica

Yo contamino, tú contaminas, él contamina, nosotros contaminamos. Todas las actividades que realiza el hombre, de la más simple a la más compleja, generan un impacto en el ecosistema en el que se desarrollan. ¿Pero qué capacidad tiene la naturaleza de recuperarse? ¿Cuánto tiempo puede demandar esa recuperación? ¿Qué cantidad de agua y de tierra es necesaria? Para responder a estos interrogantes, que apuntan a medir la sustentabilidad, se creó el indicador denominado Huella Ecológica, cuyo resultado permite visibilizar claramente cuál es la relación del hombre con la naturaleza.

Como para tener una idea: en 2007 la huella ecológica excedió la biocapacidad de la Tierra, el área realmente disponible para producir recursos naturales y absorber dióxido de carbono, en un 50%. Globalmente, la huella ecológica de la humanidad se ha duplicado desde 1996 y, para 2030, de seguir con el sistema tradicional de producción, necesitaremos de dos planetas. Los números surgen del estudio Planeta Vivo, realizado por la WWF y presentado en 2010. El cálculo de este indicador es complicado ya que deben tenerse en cuenta no sólo los consumos, sino también la capacidad del ecosistema para volver a producir los bienes y servicios, y es ahí donde aparece la variable del tiempo. Sin embargo es una buena aproximación para entender hacia adónde vamos si se sigue la matriz tradicional de producción.

A pesar de este panorama desalentador es posible cambiar la tendencia.”Lo importante es tomar conciencia de que hay una serie de consecuencias ambientales que están siendo cada vez más severas. Este informe nos da la idea de que los recursos que tenemos en el planeta son limitados y no podemos pensar en un crecimiento indefinido”, dice Diego Moreno, director ejecutivo de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA, sede local de la WWF).

Una de las cuestiones que se tienen en cuenta a la hora de medir la huella ecológica es la huella de carbono, que es ni más ni menos que las emisiones de dióxido de carbono que genera cada persona en su vida diaria. Esto incluye, por supuesto, el tipo de transporte que utiliza, la cantidad de energía que demanda y los productos y servicios que consume, entre otras cosas.

“En la Argentina, según nuestros cálculos, es de alrededor de 6 toneladas de dióxido de carbono por argentino por año. En Estados Unidos es de aproximadamente 20 toneladas por habitante y en el Reino Unido, entre 10 y 11 toneladas. Por supuesto que tiene que ver con los estilos de vida, pero también influye cómo se genera la energía. Aquí la matriz es mucho más limpia”, explica Nazareno Castillo, director de Cambio Climático de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

En la Argentina, el 85% de la energía se genera a partir de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón, el 5% corresponde a energía hidráulica y apenas el 3% a energía nuclear.

En la ciudad de Buenos Aires, la huella de carbono es un poco más baja. Según datos proporcionados por Javier Corcuera, presidente de la Agencia de Protección Ambiental local, cada habitante genera por año 5,4 toneladas de dióxido de carbono, como figura en el inventario de emisiones que generan el calentamiento global, realizado por el gobierno porteño.

Según ese trabajo, de las emisiones totales de gases efecto invernadero de la ciudad, un 57% corresponde al sector de la energía. “Por eso trabajar en eficiencia energética es prioritario”, indican en la ciudad.

Poner acento en la eficiencia energética significa, por ejemplo, reducir el consumo de energía de los edificios gubernamentales, la iluminación del espacio público, de los semáforos e incluir estas obligaciones en las contrataciones oficiales. Una ley de la ciudad establece un plazo de 10 años para que se concrete totalmente.

Pero también cada uno de los porteños puede hacer un aporte para reducir su huella de carbono.

  • Cuando no se utiliza un electrodoméstico (TV, microondas, equipos de audio, PC) hay que apagarlo y no dejarlo stand by, del mismo modo que los cargadores de celulares.

  • Utilizar los programas de baja temperatura al conectar lavarropas o lavavajillas, y usar su capacidad al máximo para cada lavado.

  • Utilizar lámparas de bajo consumo. Desde el 1° de este mes está prohibida la venta y comercialización de lámparas incandescentes en toda la Argentina, según lo establece una ley nacional.

  • Cada vez que se elige un electrodoméstico es recomendable buscar la etiqueta de eficiencia energética que está pegada en ellos. Siempre es mejor elegir los de categoría A.

  • Es preferible utilizar medios de transporte público en lugar del auto particular. También es recomendable incorporar la bicicleta para moverse en la ciudad.

  • Otro punto para tener en cuenta es el mantenimiento de las temperaturas en los lugares cerrados. A la hora de calefaccionar un lugar es importante evitar pérdidas de calor y al enfriarlo también es importante la aislación. Para hacer un uso eficiente del aire acondicionado, utilizarlo a 24°C.

El impulso al desarrollo de energías renovables es otra de las acciones que no sólo colabora con la reducción de emisiones para la lucha contra el calentamiento global, sino que utiliza como fuentes recursos renovables como la luz solar (energía solar), la fuerza de los vientos (energía eólica), el potencial de la tierra (la biomasa).

El último informe de las Naciones Unidas indica que si se promueven las energías renovables podrían cubrir el 80% de la demanda energética mundial para mediados de siglo. Incluso éste será el foco del debate de la cumbre de cambio climático que se celebrará el año próximo en Río de Janeiro.

Estas son sólo algunas de las recomendaciones para reducir la cantidad de emisiones que se generan. Según el Informa Planeta Vivo, la huella de carbono mundial ha aumentado un 35% desde la publicación del primer trabajo, en 1998.

World_map_of_countries_by_ecological_footprint (2007)

Pero a la hora de medir la huella ecológica también hay que tener en cuenta la huella hídrica. Según el informe internacional, “hay 71 países que experimentan estrés en fuentes de agua azules”, es decir que pueden ser utilizadas para consumo humano.

Hoy más de 2600 millones de personas viven sin instalaciones sanitarias adecuadas, lo que contribuye a la muerte anual de 1,5 millones de niños por enfermedades relacionadas con la falta de salubridad y casi 900 millones de personas no tienen acceso al agua. A esto se suma la presión de la utilización del agua para la producción. Por eso es necesario hallar el equilibrio.

La biodiversidad y su conservación también son cruciales a la hora de medir la huella ecológica. El informe de la WWF indica que hay una pérdida de biodiversidad del 30% desde 1970 hasta 2007, basado en 7853 especies de aves, mamíferos, anfibios, reptiles y peces. Las principales amenazas son la pérdida de hábitat, la sobreexplotación de especies, la contaminación, el cambio climático y las especies invasoras.

Para Moreno, una de las iniciativas que puede empezar a revertir esta tendencia es la de analizar los servicios ambientales que los ecosistemas nos brindan “para poder tener un esquema de compensaciones”.

“La Argentina está recién empezando a plantearse estos temas. El caso de la ley de bosques propone un mecanismo de compensación, pero implementarlo tiene muchas dificultades y el principal es no tener el valor real de los servicios ambientales”, agrega.

El mecanismo de compensaciones consiste en compensar económicamente a aquellos productores o emprendedores que elijan conservar ecosistemas endebles, por ejemplo. En 2010 se aprobó en el Congreso una ley que incluye en las cuentas nacionales el patrimonio natural. “El objetivo de un sistema de cuentas patrimoniales es posibilitar la valoración física y monetaria de los recursos naturales, sus formas de manejo integral y sustentable, los costos que este manejo supone y las potencialidades ocultas de la oferta ecosistémica del país”, explica la diputada neuquina Alicia Comelli.

Para avanzar con la cuestión, la legisladora presentó este año un proyecto de compensación por servicios ambientales. “Este nuevo proyecto es posible gracias al primero. No es ponerle un precio a los servicios ambientales, pero sí hacernos cargo de lo que se le hace a la naturaleza”, agrega.

El proyecto estipula la creación de certificados de servicios ambientales (habrá un cupo establecido por la autoridad de aplicación por año) que deberán ser adquiridos por industrias de relevante impacto ambiental como mineras y petroleras, por ejemplo.

“El proyecto acaba de ser ingresado y queda mucho por debatir, pero es un gran avance”, evalúa Moreno.

Cabe recordar que en el país está vigente desde hace dos años el mecanismo de compensación que establece la ley de presupuestos mínimos de protección de bosques. La Argentina perdió desde 1930 un 70% de su bosque nativo y, ante tal situación, se conformó, según esa norma, un Fondo Nacional de Bosques, compuesto por el 0,3% del presupuesto nacional sumado al 2% de lo que se obtiene por retenciones a las exportaciones de la agricultura, la ganadería y el sector forestal.

Este año, aunque sigue vigente el presupuesto 2010 ya que el Congreso no aprobó el ejercicio 2011, ese monto debería ser de más de 1000 millones de pesos. La asignación para compensar a los proyectos que protejan los bosques será de 300 millones, según informó la Secretaría de Ambiente.

Las cifras son los suficientemente elocuentes como para ser tenidas en cuenta, ya que aunque necesitemos dos planetas para satisfacer nuestra demanda para 2030, sólo tenemos uno.

Fuente

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